Tecnicolor

un mundo iluminado

Donde viven los monstruos

año:, isbn: 978-84-204-3022-5, signatura: 380

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Así comienza

La noche que Max se puso su traje de lobo y se dedicó a hacer travesuras de una clase y de otra su madre lo llamó “¡Monstruo!” y Max le contestó “¡Te voy a comer!” y lo mandaron a la cama sin cenar.

 

 

[IMAGINARIA. N° 222 – Buenos Aires, 19 de diciembre de 2007]
RESEÑAS DE LIBROS
Donde viven los monstruos, por Marcela Carranza

Elegido el mejor libro ilustrado en el mismo año de su aparición (1963) y ganador de la medalla Caldecott en 1964, Donde viven los monstruos es referencia obligada dentro de la historia de los libros ilustrados para niños. Para dar ejemplo de su popularidad en su país de origen y en el mundo basta nombrar una de las escenas ilustradas de El viaje de Anno (IV) del japonés Mitsumasa Anno (1), donde dos de los entrañables monstruos de Maurice Sendak desfilan por las calles de Nueva York, o bien un episodio en el que Los Simpson le rinden homenaje (2).

La historia es la siguiente: Max, luego de realizar toda clase de travesuras, es llamado “¡MONSTRUO!” por su madre y enviado a la cama sin cenar.

 

Una vez en su cuarto emprende un viaje fabuloso hasta llegar a donde viven los monstruos. Apelando al “truco mágico de mirar fijamente a los ojos amarillos de todos ellos sin pestañear ni una sola vez” logra amansarlos y ser declarado rey. A lo largo de tres ilustraciones a doble página vemos a Max divertirse con sus nuevos súbditos hasta que el niño acaba con la fiesta y envía a los monstruos a la cama sin cenar. Sintiéndose solo y atraído por “un olor de comida rica” el niño decide emprender el viaje de regreso hasta llegar nuevamente a su cuarto “donde su cena lo estaba esperando y todavía estaba caliente”.

Sin embargo la genialidad del libro de Sendak va mucho más allá de un argumento; el modo en que ilustraciones y textos se ensamblan entre sí, el juego con la diagramación e incluso con el formato, todo se conjuga para dar cuenta de un libro pensado artísticamente hasta en sus mínimos detalles.

Si bien la historia aparenta ser sencilla, si la pensamos en términos espacio-temporales surgen una serie de indefiniciones que otorgan al viaje de Max un grado de ambigüedad poco frecuente en los libros para pequeños lectores.

Las seis primeras páginas sitúan claramente a Max en la realidad de su hogar y de su cuarto. En este momento de la historia la diagramación cede la página izquierda al texto con frases que se completan al dar vuelta la hoja para observar las imágenes a la derecha, enmarcadas en el centro de la página. Solo al ver las imágenes comprendemos el sentido de las palabras que someramente dan cuenta del comportamiento de Max. El tránsito hacia otro espacio y tiempo, es decir del mundo de Max al de los monstruos, se produce de manera paulatina, especialmente en la imagen, y sin que se expliquen con claridad las razones del cambio de mundos. En ningún momento se dice, ni en el texto ni en las imágenes, que se trate de un sueño o de una fantasía de Max, lo que en definitiva daría una explicación al extraño acontecimiento. El niño se muestra satisfecho y en absoluto sorprendido frente al asombroso cambio producido en su habitación.

 

Max emprende un viaje, y si bien para ello navega en un barco, ese otro mundo en el que Max se interna tiene su inicio en la metamorfosis del mundo “real” inicial. Poco a poco la habitación se va esfumando dejando lugar al bosque, desaparecen las paredes, los árboles escapan del marco de la imagen, la ilustración se ensancha, hasta ocupar la doble página en el mismo momento en que Max llega al lugar donde viven los monstruos.

“… y Max se marchó navegando a través del día y de la noche entrando y saliendo por las semanas saltándose casi un año hasta llegar a donde viven los monstruos” nos dice el texto en una fusión poética de dos dimensiones: la del tiempo y la del espacio. El barco de Max no transita por el espacio, como es de esperarse, sino por el tiempo, no de manera lineal, sino a los saltos. Si el cuarto del niño se metamorfosea paulatinamente en aquel otro espacio: el de la naturaleza salvaje, el barco lleva a Max en un viaje en el que el tiempo y el espacio se confunden.

El encuentro de Max con los monstruos está atravesado por el juego. Las palabras juegan con los sonidos y las repeticiones (afortunadamente esto se conserva en la traducción): “…ellos rugieron sus rugidos terribles y crujieron sus dientes terribles y movieron sus ojos terribles y mostraron sus garras terribles” . El método de Max para dominarlos es también un juego: el truco mágico de mirar fijamente a los ojos sin pestañear. Y una vez nombrado rey Max ordena que comience “la fiesta monstruo”. Es este instante de la historia el de mayor despliegue de la ilustración: tres dobles páginas inolvidables en las que vemos a Max y los monstruos aullar a la luna, bambolearse en las ramas de los árboles, desfilar en procesión.

 

La ilustración se hace cargo del momento central de la historia, el de mayor libertad, el del juego salvaje, donde el desenfreno está permitido y ser un monstruo es la norma. Pero este éxtasis lúdico es interrumpido repentinamente por el mismo niño. También a la manera de los juegos infantiles Max repite en los monstruos la sentencia que recibió de su madre al comenzar la historia: los envía a la cama sin cenar. La inversión de roles es clara, el pequeño, ahora rey de los monstruos puede ejercer sobre ellos el poder que unas páginas antes debió sufrir de los adultos. Es aquí donde “el olor de comida rica” conecta ambos mundos y Max decide regresar. La diagramación del libro, al igual que el personaje, realiza el movimiento inverso, y las ilustraciones comienzan a retirarse de la doble página hacia la derecha. En la despedida de Max y los monstruos se repite el juego sonoro con las palabras que había tenido lugar durante su encuentro.

Nuevamente la descripción del extraño viaje de Max, apela a la poética confusión espacio-temporal sólo que en sentido inverso: “…y navegó de vuelta saltándose un año, entrando y saliendo por las semanas atravesando el día hasta llegar a la noche misma de su propia habitación…”

 

El lugar y el tiempo nuevamente se confunden en el punto de llegada. Todo parece indicar que esa noche es la misma que la de la partida, dado que, como señalan las palabras finales sin ilustraciones que cierran la historia: la cena aún estaba caliente. Pero Sendak no deja lugar a la certeza en términos temporales; la luna que se ve a través de la ventana del cuarto de Max en la última ilustración es una luna llena, la misma que aparece por primera vez en la fiesta de los monstruos, a diferencia de la luna menguante que dominó el cielo en la escena de la habitación al comienzo de la historia e incluso a largo de cinco ilustraciones más.

De este modo la historia del viaje de Max aparenta ser circular, pero se trata de un círculo que no se cierra exactamente en el punto donde se inicia. Un encantador desafío para los lectores pequeños y grandes que durante décadas han tenido la oportunidad de seguir disfrutando de este clásico.

 

Notas de Imaginaria

(1) Anno, Mitsumasa. El viaje de Anno (IV). Guión e ilustraciones del autor. Barcelona, Editorial Juventud, 1983. Este libro integra una serie de cuatro títulos: El viaje de Anno I (Europa del Norte), El viaje de Anno II (Italia), El viaje de Anno III (Inglaterra) y El viaje de Anno IV (Estados Unidos). Más información sobre este tema en el artículo “Maurice, Max y los Monstruos homenajeados”, aquí.

(2) Se trata del episodio The Girl Who Slept Too Little (La niña que dormía demasiado poco), el segundo de la temporada número 17 de la serie, emitido originalmente el 18 de septiembre 2005. Durante el episodio Lisa Simpson lee el libro The Land of the Wild Beasts en referencia paródica a Where The Wild Things Are (título original de Donde viven los monstruos) y hay una breve aparición de estas criaturas, dibujadas —en claro homenaje— siguiendo el estilo de Sendak. Más información sobre este tema en el artículo “Maurice, Max y los Monstruos homenajeados”, aquí.
Fuente: [http://www.imaginaria.com.ar/22/2/donde-viven-los-monstruos.htm]

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